CONSEJOS PARA RECUPERAR UN MUEBLE DE HIERRO FORJADO
En la entrada de hoy os hablamos de los muebles de forja, un material tradicional, utilizado normalmente para amueblar o servir de complemento decorativo en ambientes clásicos, coloniales y en muchos casos, rústicos.
El hierro forjado le da un aire romántico a los muebles que lo combinan con la madera y el cristal, suavizándolos con sus formas sinuosas y suaves.
Este material, al contrario de lo que se suele pensar, no le aportará rudeza, ni sensación de pesadez a nuestros muebles, sino más bien lo opuesto: al estar formados por barras y cilindros moldeados, lo hará parecer ligero y aliviará la carga visual que puedan ejercer otros muebles más opacos o grandes.
Si nos hemos decidido por muebles de forja para decorar nuestro dormitorio, nuestro comedor o las estancias exteriores de nuestro hogar, deberemos pensar en cómo mantenerlos cuando empiecen a ensuciarse o se estropeen por culpa de la humedad o cualquier roce. Dependiendo del lugar en el que estén colocados, recibirán uno u otro tratamiento.
* Mantenimiento de muebles de forja en interior:
- Para limpiarlos usa un paño húmedo y sécalos con otro suave, que no suelte pelusa. Si están muy sucios, frótalos con un cepillo de cerdas duras, insistiendo en los rincones.
- Luego sécalos con un trapo para quitarles toda la humedad.
- Si son muebles de hierro pintado, procura no golpearlos. La pintura puede saltar y el hierro se oxidaría.
* Mantenimiento de muebles de forja en exterior:
- Lo ideal es que los muebles de hierro están en terrazas bien ventiladas. Si la lluvia los moja, colócalos luego al sol o sécalos con una toalla. Si no se secan, terminarán por oxidarse.
- No los dejes en sitios cerrados y húmedos, porque la pintura se cuarteará y se estropeará, por lo que acabaremos por tener que repararla para evitar que se oxide.
- Para mantenerlos en perfecto estado, tienes que pintarlos y revisar si tienen óxido cada año, justo antes del verano, para poder tenerlos a punto antes de sacarlos a la terraza o jardín para disfrutar de ellos al aire libre.
* Cómo reparar un mueble oxidado y dejarlo como nuevo en 4 sencillos pasos:
1) Comienza limpiando la superficie para garantizar el fijado de la pintura que apliquemos. Pasamos un paño húmedo con un poco de agua y jabón. De esta forma, además de conseguir eliminar los restos de grasa, nos desharemos del polvo y la suciedad. Repásalo todo con un paño seco.
En el caso de que el mueble o elemento metálico se encuentre oxidado, recuerda que has de eliminar el óxido para garantizar el fijado de la pintura. Únicamente tendremos que frotar un cepillo de púas metálicas, una lija o un estropajo de aluminio para desprender los restos de óxido y corrosión. No te olvides de eliminar el polvillo producido por esta tarea soplando o con un paño. Si quieres que quede aún más liso, repasa todo el mueble con papel de lija muy fino.
2) Aplica el minio (tetróxido de plomo, pigmento de color rojo utilizado para proteger los metales de la corrosión) o antioxidante con la brocha y déjalo secar un par de días.
Si nos queremos ahorrar la aplicación del minio, podemos usar pinturas antioxidantes o bien, usar un esmalte antióxido, basado en un compuesto de poliuretano en crema. Este esmalte protegerá y le dará, de paso, brillo a la pieza. Para aplicarla deberemos asegurarnos de que la superficie esté totalmente lisa tras el lijado preliminar. Le daremos una capa, la dejaremos secar unas 4 horas y a continuación, le daremos una segunda mano, para garantizar su efectividad.
3) Una vez se ha secado la segunda capa de protector, ya puedes pintar. Empieza por darle una primera pasada, a conciencia, y espera hasta dar la segunda al menos 30 minutos. Aplica varias capas hasta conseguir el tono que más te agrade. De esa manera, conseguiremos un acabado perfecto.

4) Este último paso es más un consejo que una parte del proceso de restauración. Si quieres darle un aspecto más elegante al mueble, utiliza colores oscuros. Si prefieres un acabado más vintage, escoge tonos azules, verdes pastel o blancos decapados.
Para resultados más divertidos y originales, puedes optar por pinturas de colores más vivos como en rojos, amarillos, morados, verdes hoja o azules eléctricos. Asimismo, también puedes combinar varios tonos en la misma pieza, aplicándolos a distintas partes del mueble. Por ejemplo, podemos pintar las patas en un tono azul pastel y el sobre de la mesa en un blanco decapé, o bien, algo más sofisticado como, una silla con las patas en negro ónix y el respaldo en cobre o plata.
* Qué hacer en caso de rotura...
- Si se ha roto un trozo pequeño de hierro, de una silla por ejemplo, puedes arreglarlo en casa. Aegúrate primero de que las dos partes están limpias y encajan.

- Utiliza pegamento especial para metal. Junta los dos fragmentos y presiona.
- Mantén presionadas las piezas unos segundos. Si es posible, sujeta las dos partes con gomas elásticas para ayudar a que se peguen del todo. Déjalo secar durante todo un día en un lugar en el que le de un poco el aire y el sol.
- En el caso de que no lo puedas arreglar tu mismo, porque el trozo sea demasiado grande o la pieza esté partida y no encaje bien, lo más recomendable es que acudas a un soldador para que te repare la pieza.

